LLAMADA Nº5

31 de Enero de 2326, Mad, Unión Europea.


A los que queden libres. Sigo sólo. Nadie contesta, y todo está profundamente vacío. Fuera, en las calles, sólo se escucha de vez en cuando algún gruñido, a veces aullidos (antes me parecían tan bellos) que me producen escalofríos, un escalofrío helado que proviene del comienzo de los tiempos.


Disculparme por mis ataques de angustia. Me gustaría poder saber algo más, aportar un poco de información pero... no sé absolutamente nada. Y lo que es peor, tampoco lo entiendo. 


A veces, siento la necesidad de abrir un pequeño agujero para ver lo que hay fuera. Y cuando el silencio se prolonga durante horas y horas, saldría a la calles, huiría de esta cárcel, correría hacía la libertad... lejos de esta muerte que se ha adueñado de todo. Buscaría el amor, y agradecería cada rayo de sol como si de un regalo se tratará. ¿O es que acaso eso no era un regalo? 


Y cuando voy a abrir ese pequeño agujero, el terror se apodera de mí. Y el horror llega a mi cerebro en forma de imágenes de gente degollada por sus mascotas, del ejército ocupando  las calles, y de militares enloquecidos por mordeduras de ratas disparándose unos a otros. De las máquinas esparciendo veneno, de gente envenenada porque todo estaba fuera de control, de un control que quizás nunca tuvimos. Imágenes, fotografías mentales, vídeos hechos frame a frame por mi cerebro, paralizándome para que no haga ese agujero, para que no huya. Y sangre, y hospitales llenos y después vacíos de vida y llenos de muerte. Esa sala de urgencia, antes blanca y estéril, ahora negruzca y sucia, con cientos de personas con mordeduras infectadas. Porque la muerte no sólo se mostraba con cadáveres devorados sino por gente que expiraba por culpa de infecciones que se extendían, y también por la locura que se apoderaba de individuos y grupos que sembraban el terror y la violencia. No sólo los animales nos matan, también nosotros nos matábamos. Y seguro que todavía lo hacemos. Pero esto no es una novedad. Y el pequeño agujero para ver el exterior queda lejos, como el silencio.


Es doloroso. Muy doloroso.  Y extraño. Hasta uno mismo se siente raro, y todo lo que te rodea está tapado con una fina sábana de seda extraña. Pienso que quizás en estos recuerdos esté la clave de lo que está pasando. 


Pero es doloroso y extraño. Y está repleto de muerte... aunque ahora todo es de un color que no conozco, el color de estos nuevos y viejos silencios.